Mosaico de recuerdos

La melancolía es como una boa enroscada en recuerdos,

un lánguido fetiche de mirada desafiante

que incita mediante susurros a despertarlos

Una peligrosa espiral de superficies escamadas,

que se aproxima con cálidos abrazos

que acarician la memoria

Y poco a poco va calando con ardientes heridas,

para acabar estrangulando con dolores

que jamás se curan.

Simón V.

Anuncios

El abrazo del silencio

Tengo 101 atardeceres perfilados en la esfera de mi pupila
Tengo 1200 tormentas, guardadas gota a gota en cada poro de mi piel
Tengo 200 prados verdes, memorizados en los recovecos de mis uñas
Tengo 3000 lunas, que palpitan cada vez que mis párpados se rinden

Tengo cielos desnudos, y otros vestidos con los más bellos diamantes
Tengo excitadas selvas, y cementerios arenosos de semillas
Tengo cauces sedientos, y húmedas lenguas transparentes
Tengo lágrimas de rocío, cristalizadas sobre mis mejillas

Tengo lechos de hojas secas, y vergeles de flores bordados en el vientre
Tengo 1100 amaneceres, apresados en la sombra inerte de mi silueta
Tengo altas cimas de azúcar, y horizontes solidificados en salitre
Tengo 3500 noches de insomnio, monopolizadas por la ilusión de tu presencia

Porque tengo la retina rebosante de paisajes
Y la piel curtida, por los solitarios abrazos del silencio
Porque mi espalda es huérfana de esa mano que abriga
Y mi sonrisa, la fui perdiendo con el viento

Porque en este sórdido escenario de belleza ensimismada
Camino cabizbajo por paisajes que jamás se olvidan
Hundo bien los pies en el barro de mis lágrimas
Esperando ansioso el día, en que por fin existas.

Simón V.F


Atardecer

Ondea la oscura y pacífica bandera

a las órdenes de la última brisa,

de salitre se nutren sus telas

arropando a la desnuda orilla

La feroz circunferencia ardiente

delimita bellos marcos dorados,

mientras las arrugas de espuma perenne

crecen como prueba, del tiempo pasado

Es momento de tallar instantes

de delirar con anárquicos sueños,

es donde danzan las aves

a través, del impresionismo del cielo

Y se desgarran las nubes

por las potentes llamas del ocaso,

expectantes se mantienen los buitres

que buscan la belleza, del sol marchitado

Y sobre esta alfombra de algas y arena

se cierne la soga anaranjada de la penumbra,

oteando ya a la noche hambrienta

que alza gloriosa, a la inexorable luna.

Simón Vidal Ferrandis 

 

 


A la vida

Arrástrame al vergel donde supuran los sueños

elévame sobre el valle de las infectadas amapolas

rebózame, con la fértil tierra de los llantos

y haz que destruya este jardín de flores perezosas

Ayúdame, a escalar las grandes dunas de la angustia 

y a superar las lluvias torrenciales de la desesperación,

cubre las grietas de mi alma malherida

y haz que se alce sobre la más dolorosa sin razón

Enséñame a escuchar el silencio más solemne

y a caminar en la oscuridad más absoluta,

déjame sentir como la rabia se retuerce

y como el miedo, carcome lentamente mi columna

Permíteme forjar mi serenidad

con la aleación más pura de la constancia,

y poder sentir la más sobria soledad

empapándome en los charcos de la nostalgia

Porque tú eres el cincel 

y yo quien esculpe mi destino,

quien soy y quién seré

depende tan sólo, de cómo pise las piedras del camino.


Extraño amanecer de primavera

No había acabado la noche

y ya había comenzado la mañana,

conforme el sol insistía en poner el broche

él se negaba, naufragando en sus ojeras

Esas que no son de pena

sino de miseria,

esas que no esconden nada

más que el llanto negro y seco de la metralla

Un basto arañazo de luz le partía la cara,

y el ensordecedor silencio de sus monstruos

gritaba desde la almohada

Grotesco escenario para un día de primavera,

de cerezos podados

y aroma a sudorosa franela

Y es que el verde dejó de ser esperanza,

para convertirse en un viscoso recuerdo

de sus retorcidas entrañas

Fatal desenlace de una historia arrastrada,

a costa de sueños falaces

y lágrimas desorientadas

Escrita con montañas de estiércol

sobre balanzas desequilibradas,

con secretos en camas vecinas

y con motines entre sábanas

Fue todo una ilusión nublada

una borrasca de mentiras,

un temporal de montañas nevadas

por la lluvia rancia de aquellas pupilas.

Simón Vidal Ferrandis


Soy él y no soy nadie.

Soy la caída lenta de tus párpados,

el paseo de tu lengua,

por la dulce comisura de tus labios

Soy el tímido desvío de tu cuello

tu sonrisa, trazada tras la esquina,

soy quien agita tu cabello,

a bocanadas de palabras que desvirgan

Soy el membrete de tus piernas

una gota fría en tu espalda,

soy dedos traviesos por tu nuca,

y ese mechón atrapado, por el sudor de la lujuria

Soy lo que recuerdas sin palabras

lo que describes con suspiros,

soy quien declina tu balanza

en esta fina cuerda, entre dos abismos

Soy el olvidado y el perpetuo

soy él y no soy nadie

soy quien aspira al todo

y se queda en un rostro

Tan solo…

Tan sólo,  como el que sueña con deseos de tinta

como el que enloquece, descifrando tu figura

Tan sólo, como el que no para de mojarse y nunca se calienta

como al que le vale la escarcha de su propio eco, y con el se abriga

Tan sólo, como el folio que me alivia

tan sólo, como esta pluma sin tinta

tan sólo, como una primavera sin poesía

tan sólo, como un poeta sin su musa.

Simón vidal Ferrandis


Levedad

Tantas cosas se ahogaron en el tintero

tantas palabras mudas, en el cajón vacío de los peros

miradas esquivas, y sufrimientos de terciopelo

barrizales de carmín, abandonados al destierro

Por las grises sendas del desencuentro

bailamos la sorda música de los necios,

a tientas, por la bruma del deshielo

nos disfrazamos, del estoicismo de los que creyeron

Vagando por praderas de flores borrosas 

deambulando por aceras, de rugosidad morbosa

vestidos tan solo, por la luz de una farola

seducidos por la futilidad, de los que nunca lloran

Vástagos de la barbarie y la belleza

eternos disconformes, con berridos de grandeza

perpetuos buscadores, de fatales sutilezas

sonreímos como antídoto, de nuestra propia demencia.

Simón Vidal Ferrandis.


Quédate

El brío de tu gélida mirada

penetra en mis pupilas ya cansadas,

y como ardiente cera

me deslizo por tus faldas

Balbuceando insultos mudos

maldiciendo instantes confusos,

me deshago en palabras llanas

de recuerdos esdrújulos

Me someto a ser recuerdo

de un espejismo de valor,

a ser el insomnio maltrecho

a ser un texto sin autor

A ser soneto de tristes notas

a ser un borrón en la libreta,

a ser el sonido de un portazo

que augura una larga espera

Y me convierto en la huella solidificada

del fresco asfalto de tu piel,

un fantasma que se alimenta

de las migajas de miseria del mantel

Un vacilante pasajero

esperando eternamente en el andén,

un albo y abatido pañuelo

que araña el tiempo mientras grita…

Quédate.

Simón Vidal Ferrandis


Miénteme y dime la verdad

Ignórame,

y mírame a los ojos

miénteme,

y dime la verdad

Sedúceme,

y dime que me has olvidado

y con la mejor de tus sonrisas

astíllame el pasado

Bésame,

y dime que no me quieres a tu lado

escúpeme,

y arráncame los labios

Senténciame,

en la alcoba de tus piernas

y no dejes de susurrarme

que esto se ha acabado

Provoquemos el diluvio

de este amor amargo,

y fundámonos en los espasmos

de indagar en el pecado

Y cuando nuestros cuerpos, evaporen el ardiente cianuro

y exhaustos, nos rindamos al placer

tan solo quedarán dos fríos cuerpos abandonados

sobre las infectadas sábanas, de los que fuimos ayer.

Simón Vidal Ferrandis


Tan solo dime cómo

Cómo puedo borrarte

si tallaste cada uno de mis huesos,

cómo puedo olvidarte

si vivo en el recuerdo de tus besos

Cómo puedo redimirme

del desquicio de buscarte en mi lecho,

de oler como un enfermo

cada mancha, cada resto

Mi hogar queda sometido a tu cabello

y mis sábanas exigen tu presencia,

mi despertar anhela tus bostezos

y en las frías noches, tan solo me abriga el eco del silencio

¿Dónde han quedado las noches

donde te vestía con palabras?

¿dónde han quedado las noches

donde te desnudaba con miradas?

¿Dónde se extraviaron nuestras mariposas?

¿dónde se incineraron nuestros sueños?

¿quién escribirá ahora nuestra estrofa?

¿¡quién cojones osa hacerlo!?

Hoy mi armario eligió el negro

y los árboles volaron hojas por mí,

hoy el cielo me guiño un ojo con un trueno

y la tierra, se llenó de espejos por ti.

Simón Vidal Ferrandis