Archivo mensual: julio 2013

El fuego es oro

Cuando la tristeza llega al olfato

y las fosas nasales ennegrecen

todo queda sentenciado

bajo nubes negras que enmudecen

Con llamas ardientes y vivas

provocadas por fríos corazones muertos

tan solo una “x” es sus listas

y millones de vidas al descubierto

Con animales desolados

que buscan refugio entre cenizas

son seres vivos arrastrados

a sus llantos de savia y resina

En estos grises desiertos

la verdad no es bienvenida

se especula con sentimientos

convirtiendo en oro la tierra prometida

Y no existe rabia, dolor ni odio

como el del ser vivo despojado

ni grito, clamor o alarido

como el del pueblo desterrado

¡Ya no danzarán cabellos al viento!

ni los troncos se erguirán desde el suelo

es tiempo del cemento

que destruye destruyendo.

Simón Vidal Ferrandis


Traición taurina

Y ahí danzaban dos

hijos de una misma madre

cuatro ojos enfrentados

luceros inyectados en sangre

No hay miedo en sus mentes

en las esperas dialogantes

ni miedo en sus extremidades

ardiendo en feroces ataques

La lucha del honor ha comenzado

sobre el doloroso manto dorado

esperando sonrojarlo

bajo el aplauso de los descorazonados

La noble bestia enviste con energía

sobre la cabeza, la espalda y las rodillas

Conoce bien esta balanza

y sabe hacia donde se declina

de repente, una espada le alcanza

una mirada desconocida

Y en menos de dos latidos

se llenó el baile de desconocidos

con lanzas, baderillas y cuchillos

atravesando sus fuertes tejidos

Y le hablaron de plazas gloriosas

y de batallas honorables

donde triunfaba la valentía y la fuerza

y no cabían los miserables

El vino se derramó en la arena

ahogándose con su propia sangre

¡grita perdiendo la oreja!

deseando la muerte a estos cobardes

Y si es verdad que esto era cosa de honor

faltan katanas clavadas en el pecho

vergüenza de cometer tal error

de un hermano sobre el lecho…

Simón Vidal Ferrandis


El Amante

Soy adicto a las camas desechas

a los olores que evocan alaridos

a retorcerme en tu cabeza

a desaparecer aunque no este permitido

Soy adicto a las miradas de reojo

y a las que desnudan

a permanecer impasible ante el sonrojo

de las frases que se ocultan

Ser el que te despeina

el brillo de tu sonrisa

el temblor de tus piernas

la razón de tu mirada perdida

Y enloquecer entre sábanas arrugadas

esas que esconden tus pícaros deseos

resurgir entre las llamas

del infierno de mis besos

Y ser un mordisco en tu vida

tu necesidad más primitiva

ser tu sustancia prohibida

tu pecado escrito en cursiva.

Simón Vidal Ferrandis


Destierro

No busco gustarte

tampoco que me apruebes

no busco que me alabes

y mucho menos que me respetes

No quiero tu perdón

ni tu condescendiente mirada

aborrezco tu compasión

tu boca y tus palabras

Huyo de todo espejo

que recite tu cara

muerdo todo hueso

que soporte tu estampa

Me regodeo en tus mentiras

con las bofetadas de mi sonrisa

navego por aguas tranquilas

y a ti no te roza ni la brisa

Y ya no me salpican tus lágrimas

ni me ensordecen tus gritos

ya no eres nota en mi pentagrama

ni flor en mi racimo.

Simón Vidal Ferrandis


Manta de cartón

Tirado en la acera

con una manta de cartón

esquivando a la mentira

cubriendo a su corazón

Entre orines y desechos

se mueve con pasión

sin caminar derecho

mirando al suelo por temor

Hace tiempo que las penas le son dulces

y las heridas un regalo

le recuerdan que aun vive

y que aun puede lograrlo

Lúcidas ideas

de un guerrero del amor

asumiendo su avaricia

y descubriendo su error

Hace tiempo que sus dientes

duermen siempre a la intemperie

que ya no recuerda a ese rebelde

que no valora lo que le envuelve

Y desde su solitario rincón

en esta lúgubre ciudad

observa con pasión

a las personas caminar

Aprendiendo de sus pasos

y algo más de sus tropiezos

tal vez algo de sus llantos

y como no de sus fracasos

Y es que en esto de aprender

la cuestión es vivir

equivocándose cada vez

para después poder reír.

Simón Vidal Ferrandis


Vientos de costa

La melancolía de los vientos de costa

trae el salitre a mis ventanas

perdido en esta cueva oscura

donde hacen eco tus carcajadas

Y con el espejismo de tu mirada

sobre el manto azul del horizonte

me lleno de caricias soleadas

que me hacen perder el norte

Me quedo hipnotizado por las ondas

deslizandome por tu arena

arrastrándome entre las sombras

en este mapa sin reseñas

Y giro buscando esa brisa

que me quite las legañas

para poder recuperar la sonrisa

que por ti me fue robada

Simón Vidal Ferrandis


La cara b

Fumo demasiado

lloro a menudo

bebo hasta quedar extasiado

y a veces estornudo

Grito en silencio

peleo solo y desnudo

mi sudor es rancio

y a quien me mira le escupo

Soy un dañado invento

una hoja arrugada en el suelo

un fallo en el experimento

un águila privada de su vuelo

Soy un cero

y a la vez el infinito

un rebelde en el recreo

un puto ser finito

Soy un ceño fruncido

una mandíbula apretada

unos músculos contraídos

una cabeza desquiciada

Me casé con el odio

despojado del amor

el dolor mi único repertorio

sin espacio para el perdón.

Simón Vidal Ferrandis


Envenenado

Construyo mi infierno

con tus curvas

destilo mi veneno

con tu saliva

Mi espacio queda reducido

por tus caricias

a pocos centímetros me quedo

de una larga caída

Porque son lágrimas de tinta

las que escriben la tortura

supurando la desdicha

que produce esta armadura

De este cuerpo desarmado

que camina cabizbajo

sin cobijo y asustado

ahora sin dejar rastro.

Simón Vidal Ferrandis


El susurro de las pupilas

Fue aquella esquina

la que recogió el milagro

de dos siluetas perdidas

en un barrizal de espasmos

Alzándose desde el asfalto

hacia el cielo más próximo

inspirados en el letargo

de retar al realismo

Creyeron en lo efímero

como el humo evaporado

sangraron el alivio

a golpes de balazos

Notaron el suspiro 

de lo trágico

caminando por el pasillo

de lo mágico

Esas dos leves criaturas

que se arrancaron las pupilas

cicatrizando las ataduras

de envenenarse sin vacuna.

Simón Vidal Ferrandis


Dulce pasajera

Todavía no eres consciente

de la sonrisa del destino

con esa ignorancia radiante

de reojo te describo

Y tal vez sea un loco

un demente o iluso

que enmudece por descuido

al provocar el roce de tus muslos

Pero cuando nuestros codos se alcancen

no habrá héroe ni verdugo

que impida este viaje salvaje

de lo superfluo a lo profundo

Y tal vez nuestros ojos no se casen

y nunca convirtamos el sonrojo en beso

tal vez nuestras manos no se aten

y no logremos ser eternos

Pero yo me conformo con los versos

que me evoca tu perfume

y feliz me quedo inmerso

en lo romántico de lo imposible.

Simón Vidal Ferrandis