Archivo mensual: febrero 2014

Levedad

Tantas cosas se ahogaron en el tintero

tantas palabras mudas, en el cajón vacío de los peros

miradas esquivas, y sufrimientos de terciopelo

barrizales de carmín, abandonados al destierro

Por las grises sendas del desencuentro

bailamos la sorda música de los necios,

a tientas, por la bruma del deshielo

nos disfrazamos, del estoicismo de los que creyeron

Vagando por praderas de flores borrosas 

deambulando por aceras, de rugosidad morbosa

vestidos tan solo, por la luz de una farola

seducidos por la futilidad, de los que nunca lloran

Vástagos de la barbarie y la belleza

eternos disconformes, con berridos de grandeza

perpetuos buscadores, de fatales sutilezas

sonreímos como antídoto, de nuestra propia demencia.

Simón Vidal Ferrandis.

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Quédate

El brío de tu gélida mirada

penetra en mis pupilas ya cansadas,

y como ardiente cera

me deslizo por tus faldas

Balbuceando insultos mudos

maldiciendo instantes confusos,

me deshago en palabras llanas

de recuerdos esdrújulos

Me someto a ser recuerdo

de un espejismo de valor,

a ser el insomnio maltrecho

a ser un texto sin autor

A ser soneto de tristes notas

a ser un borrón en la libreta,

a ser el sonido de un portazo

que augura una larga espera

Y me convierto en la huella solidificada

del fresco asfalto de tu piel,

un fantasma que se alimenta

de las migajas de miseria del mantel

Un vacilante pasajero

esperando eternamente en el andén,

un albo y abatido pañuelo

que araña el tiempo mientras grita…

Quédate.

Simón Vidal Ferrandis


Miénteme y dime la verdad

Ignórame,

y mírame a los ojos

miénteme,

y dime la verdad

Sedúceme,

y dime que me has olvidado

y con la mejor de tus sonrisas

astíllame el pasado

Bésame,

y dime que no me quieres a tu lado

escúpeme,

y arráncame los labios

Senténciame,

en la alcoba de tus piernas

y no dejes de susurrarme

que esto se ha acabado

Provoquemos el diluvio

de este amor amargo,

y fundámonos en los espasmos

de indagar en el pecado

Y cuando nuestros cuerpos, evaporen el ardiente cianuro

y exhaustos, nos rindamos al placer

tan solo quedarán dos fríos cuerpos abandonados

sobre las infectadas sábanas, de los que fuimos ayer.

Simón Vidal Ferrandis