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Soy él y no soy nadie.

Soy la caída lenta de tus párpados,

el paseo de tu lengua,

por la dulce comisura de tus labios

Soy el tímido desvío de tu cuello

tu sonrisa, trazada tras la esquina,

soy quien agita tu cabello,

a bocanadas de palabras que desvirgan

Soy el membrete de tus piernas

una gota fría en tu espalda,

soy dedos traviesos por tu nuca,

y ese mechón atrapado, por el sudor de la lujuria

Soy lo que recuerdas sin palabras

lo que describes con suspiros,

soy quien declina tu balanza

en esta fina cuerda, entre dos abismos

Soy el olvidado y el perpetuo

soy él y no soy nadie

soy quien aspira al todo

y se queda en un rostro

Tan solo…

Tan sólo,  como el que sueña con deseos de tinta

como el que enloquece, descifrando tu figura

Tan sólo, como el que no para de mojarse y nunca se calienta

como al que le vale la escarcha de su propio eco, y con el se abriga

Tan sólo, como el folio que me alivia

tan sólo, como esta pluma sin tinta

tan sólo, como una primavera sin poesía

tan sólo, como un poeta sin su musa.

Simón vidal Ferrandis

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El aire que nos separa

Me encadené a tu libertad

esclavo de las palabras que vomité

y ahora me pongo a pensar

en todas esas alambradas que instalé

Fui un peso muerto en tu ascensión

una mochila cargada, aunque fuera de amor

y asalté tu cielo despejado

con mi legión de buitres, de dientes afilados

E hice que llegara el otoño

en pleno mes de abril

pinté con mi escala de grises

cualquier nube que pasara por aquí

Y llené de borrascas y tormentas,

aquel idílico jardín

fui la sombra perpetua,

de lo que esperabas de mi

Pero ya no elijo necesitarte

si no que cosamos nuestras alas

porque el regalo nunca será tenerte

si no sentir cerca, el aire que nos separa.

Simón Vidal Ferrandis


Merece la pena

Todos somos restos de un recuerdo

una gota en algún llanto

un fragmento de un olvido

un grito en un rechazo

Todos hemos roto silencios

y ardido en feroces llamas

alguna vez fuimos el hielo

que dolía y quemaba

Todos hemos sido

sangre, saliva y hollín

y nos hemos retorcido

en alguna cicatriz

Nos hemos quedado sin argumentos

ante las cuestiones de la vida

nos hemos perdido en el laberinto

de las palabras prohibidas

Y con la excusa del destino

nos perdimos para encontrarnos

buscando lo definitivo

en este mágico tornado

Y como almas errantes

seguimos aprendiendo

quemando el almanaque

con las bengalas del misterio

Simón Vidal Ferrandis


La llamada del silencio

Una llamada rompió el silencio

como el crujir de un hielo

las miradas se interrumpieron

desviándose hacia los infiernos

Se disfrazó al dolor

con un cordial lenguaje

dando de lado al humor

con sorbos profundos al brebaje

Encharcándose los ojos

de la savia del dolor

faciales terremotos

por decir adiós al amor

Quítate los zapatos esta vez 

no dejes huellas para volver

olvida esta tierra

donde tantas flores viste crecer

No busques refugio en otros valles

pues es labor del tiempo y no del hambre

Relaja el ceño y sonríe

que no todas las plantas son perennes

mira el cielo y descubre

como fluyen las estrellas y las nubes

Que la vida no son más que cuatro letras

que se escriben una tras la otra

con la caligrafía de la experiencia

formando nuestra existencia.

Simón Vidal Ferrandis