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El abrazo del silencio

Tengo 101 atardeceres perfilados en la esfera de mi pupila
Tengo 1200 tormentas, guardadas gota a gota en cada poro de mi piel
Tengo 200 prados verdes, memorizados en los recovecos de mis uñas
Tengo 3000 lunas, que palpitan cada vez que mis párpados se rinden

Tengo cielos desnudos, y otros vestidos con los más bellos diamantes
Tengo excitadas selvas, y cementerios arenosos de semillas
Tengo cauces sedientos, y húmedas lenguas transparentes
Tengo lágrimas de rocío, cristalizadas sobre mis mejillas

Tengo lechos de hojas secas, y vergeles de flores bordados en el vientre
Tengo 1100 amaneceres, apresados en la sombra inerte de mi silueta
Tengo altas cimas de azúcar, y horizontes solidificados en salitre
Tengo 3500 noches de insomnio, monopolizadas por la ilusión de tu presencia

Porque tengo la retina rebosante de paisajes
Y la piel curtida, por los solitarios abrazos del silencio
Porque mi espalda es huérfana de esa mano que abriga
Y mi sonrisa, la fui perdiendo con el viento

Porque en este sórdido escenario de belleza ensimismada
Camino cabizbajo por paisajes que jamás se olvidan
Hundo bien los pies en el barro de mis lágrimas
Esperando ansioso el día, en que por fin existas.

Simón V.F

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Soy él y no soy nadie.

Soy la caída lenta de tus párpados,

el paseo de tu lengua,

por la dulce comisura de tus labios

Soy el tímido desvío de tu cuello

tu sonrisa, trazada tras la esquina,

soy quien agita tu cabello,

a bocanadas de palabras que desvirgan

Soy el membrete de tus piernas

una gota fría en tu espalda,

soy dedos traviesos por tu nuca,

y ese mechón atrapado, por el sudor de la lujuria

Soy lo que recuerdas sin palabras

lo que describes con suspiros,

soy quien declina tu balanza

en esta fina cuerda, entre dos abismos

Soy el olvidado y el perpetuo

soy él y no soy nadie

soy quien aspira al todo

y se queda en un rostro

Tan solo…

Tan sólo,  como el que sueña con deseos de tinta

como el que enloquece, descifrando tu figura

Tan sólo, como el que no para de mojarse y nunca se calienta

como al que le vale la escarcha de su propio eco, y con el se abriga

Tan sólo, como el folio que me alivia

tan sólo, como esta pluma sin tinta

tan sólo, como una primavera sin poesía

tan sólo, como un poeta sin su musa.

Simón vidal Ferrandis